15 diciembre 2009

Ególatra.

De Valeria Salas.

A decir verdad estoy bien sola,
bien sola, como dicen en mi tierra.
Sola como todas las plantas desérticas.
Con lo odioso de levantars a las cinco
de la mañana para contestra el teléfono
seis horas.
¿Cómo esperaban que hiciera algo distinto?
Cambio fraudes por sonrisas,
escribo sin sentido,
le hago el amor a los enemigos.
¿Frívola?
Si, yo estaba enamorado
y dos o tres fantasmas me dijeron
que no se podía.
Qué más hacer si no entregar el cuerpo
para que sude todas las toxinas
de amor que lo envenenan,
y se purifique entre el placer y
los repentinos golpes de conciencia.
Ya no te cuento cuentos,
porque nunca has entendido mis palabras,
nunca viste detrás de la miopía
que si puede inventar historias
fue para verte dormir y pensar
que soñabas conmigo aunque hubiera luz de día.
A veces me acuerdo que tengo ojos
detrás de las gafas, y lloro porque tengo lágrimas.
Se resbala esa lluvia salada
por la cantera de mi nariz rota
para morirse en el resumidero
sangriento de mi garganta.
Me piero porque soy tonta
y no tengo ningún problema en aceptarlo.
Mi torpeza es eterna, es mia,
es linda como las nubes cuando
bajan por las escaleras.
De pronto brillo y me lleno de besos,
de pronto ya no soy de mentiras
ni estoy hueca.
La vida me gusta porque la escogí,
a pesar de la muerte pudo ser la más bella.
Me duermo escuchando trenes,
despierto sin ganas
y mi propia vozme dice:
Sonríe princesa.

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