10 mayo 2011

Carta del Subcomandante Marcos a un niño

Desde que estaba chavo, el movimiento del EZLN me llamó bastante la atención. La carta la leí hace algún tiempo, aunque no la comprendí del todo por que estaba más pendejo, creo que ahora logro apreciar más el contenido.  Hay una ideología muy chingona detrás del pasamontañas del Subcomandante Marcos, lástima que sea más apreciada en el extranjero que en nuestro propio país.

Les dejo el vídeo de la carta por si les da hueva leer.




Al niño Miguel A. Vázquez Valtierra. 
La Paz, Baja California Sur, México. 

Del Subcomandante Insurgente Marcos. 
Montañas del sureste mexicano, 
Chiapas, México.

Miguel: 
Tu mamá me entregó tu carta junto con la foto donde sales con tu perro. Aprovecho que tu mamá va de regreso a tu tierra para escribirte estas líneas apresuradas que, tal vez, no alcances a entender todavía. 

Sin embargo, estoy seguro que algún día, como en el que escribí lo que aquí te pongo, entenderás que es posible que existan hombres y mujeres como nosotros, sin rostro y sin nombre, que lo dejan todo, hasta la vida misma, para que otros (niños como tú y que no son como tú) puedan levantarse cada mañana sin palabras qué callar y sin máscaras para enfrentar al mundo. 

Cuando ese día llegue, nosotros, los sin rostro y sin nombres, podremos descansar, al fin, bajo tierra... bien muertos, eso sí, pero contentos. 

Nuestra profesión: la esperanza 

Ya casi se muere el día, oscuro cuando se viste de noche y viene a hacer el otro día, primero con su negro velo y luego con el gris o el azul según se le antoje al Sol alumbrar o no polvo y lodo en nuestro camino. 

Ya casi se muere el día en los brazos nocturnos de los grillos y entonces viene esa idea de escribirte para decirte algo que viene de eso de "profesionales de la violencia" que tanto nos han achacado. 

Y resulta que sí, que somos profesionales. Pero nuestra profesión es la esperanza. Nosotros decidimos un buen día hacernos soldados para que un día no sean necesarios los soldados. 

Es decir, escogimos una profesión suicida porque es una profesión cuyo objetivo es desaparecer: soldados que son soldados para que un día ya nadie tenga que ser soldado. Claro, ¿no? 

Y entonces resulta que estos soldados que quieren dejar de serlo, nosotros, tenemos algo que los libros y los discursos llaman "patriotismo". 

Porque eso que llamamos patria no es una idea que vaga entre letras y libros, sino el gran cuerpo de carne y hueso, de dolor y sufrimiento, de pena, de esperanza en que todo cambie, al fin, un buen día. 

Y la patria que queremos habrá de nacer también de nuestros errores y tropiezos. De nuestros despojos y rotos cuerpos habrá de levantarse un mundo nuevo. 

¿Lo veremos? ¿Importa si lo veremos? Creo yo que no importa tanto como el saber a ciencia cierta que nacerá y que en largo y doloroso parto de la historia algo y todo pusimos: vida, cuerpo y alma. 

Amor y dolor, que no sólo riman, sino que se hermanan y juntos marchan. Por esto somos soldados que quieren dejar de ser soldados. 

Pero resulta que, para que ya no sean necesarios los soldados, hay que hacerse soldado y recetar una cantidad discreta de plomo, plomo caliente escribiendo libertad y justicia para todos, no para uno o para unos cuantos, sino para todos, todos, los muertos de antes y de mañana, los vivos de hoy y de siempre, los de todos que llamamos pueblo y patria, los sin nada, los perdedores de siempre antes de mañana, los sin nombre, los sin rostro. 

Y ser un soldado que quiere que ya no sean necesarios los soldados es muy simple, basta responder con firmeza al pedacito de esperanza que en cada uno de nosotros depositan los más, los que nada tienen, los que todo tendrán. 

Por ellos y por los que han ido quedando en el camino, por una u otra razón, injustas todas. Por ellos tratar deveras de cambiar y ser mejores cada día, cada tarde, cada noche de lluvia y grillos. 

Acumular odio y amor con paciencia. Cultivar el fiero árbol del odio al opresor con el amor que combate y libera. 

Cultivar el poderoso árbol del amor que es viento que limpia y sana, no el amor pequeño y egoísta, el grande sí, el que mejora y engrandece. Cultivar entre nosotros el árbol del odio y el amor, el árbol del deber. 

Y en este cultivo poner la vida toda, cuerpo y alma, aliento y esperanza. Crecer, pues, crecer y crecerse paso a paso, escalón por escalón. 

Y en ese sube y baja de rojas estrellas no temer, no temer sino al rendirse, el sentarse en una silla a descansar mientras otros siguen, a tomar aliento mientras otros luchan, a dormir mientras otros velan. 

Abandona, si lo tienes, el amor por la muerte y la fascinación por el martirio. El revolucionario ama la vida sin temer la muerte, y busca que la vida sea digna para todos, y si para esto debe pagar con su muerte lo hará sin dramas ni titubeos. 

Recibe mi mejor abrazo y este tierno dolor que siempre será esperanza. 

Salud Miguel. 



Desde las montañas del sureste mexicano. 

Subcomandante Insurgente Marcos. 
(Suscribe) Subcomandante Marcos. 



P.D. Acá nosotros vivíamos peor que los perros. Tuvimos que escoger: vivir como animales o morir como hombres dignos. La dignidad, Miguel, es lo único que no se debe perder nunca... nunca. 

Visto acá


4 comentarios:

Fernando Manda dijo...

Tsssss.

SIRACUSA dijo...

Intensas palabras.
Al igual que tú me llamo mucho la atención este movimiento.
Cuando los del EZLN anduvieron de gira por todo el país fueron a Puebla. En ese tiempo estaba tomando el curso de historia de las mujeres y para el trabajo final fuí a hacerles algunas entrevistas a estas mujeres que andavan en el movimiento, solo puedo decir que: MIS RESPETOS, esas son mujeres!!!

SIRACUSA dijo...

Tambien he sentio atracción hacia este movimiento, en la prepa tenia una maestra que estaba involucrada y que cada fin de semana se iba a Chiapas a colaborar, varias veces nos trajo alguna grabación o cartas escritas por Marcos. Para mí eran los mejores momentos.
Cuando entre a la uni y el EZLN andava de gira, les toco ir a Puebla, yo tomaba un curso de historia de las mujeres y me tocó entrevistarlas, junto con las de antropología reunimos algunas cosas que puedieran servirles en el camino y la experiencia fue de wow, de verdad que esas son mujeres!!! las historias que nos contaban de como escapaban del ejercito y todo lo que tenían que padecer se quedó fuertemente grabado en mi memoria.
y ya casi escribo un post jajaja


saludos!!!

aguante el amor dijo...

genial!
es fuertisimo.

un beso!