31 octubre 2011

4.4

Caminando por las calles de Morelia, me topé un colibrí que se estaba muriendo, estaba en medio de la banqueta, me llamó la atención, pues, en mi ciudad, esos pajaritos no existen que yo sepa. Nunca he visto uno por acá, lo agarré y lo puse en una jardinera para que no lo fueran a pisar; la gente que iba pasando y notaba el colibrí en la jardinera, se le quedaba viendo bien cabrón, me pareció escuchar a una señora que dijo, ¡oh! Qué noble gesto del joven, mover esa avecilla a un lugar para que muera en paz, habla muy bien de él, le voy a regalar dinero… Ok no, pero si me pareció que dijo, pobrecito colibrí.

El día que regresé a mi terruño, iba de la central a mi casa en un taxi, me tocó ver un accidente, bueno, no el accidente en sí, sino a la accidentada; había en medio de la carretera una muchacha atropellada, había poco tráfico, era de noche, y había dos patrullas de tránsito desviando a los carros por un lado de donde estaba tendida la chava, no estaba muerta, pero si le pusieron un buen chingadazo. El taxista bajó la velocidad cuando pasamos a un lado, y dijo, pinche gente es lo que se gana cuando se cruzan como pendejos la calle, a ver si así aprende, la gente se atraviesa como idiotizada.

No sé porque, pero me acordé de cuando atropellé a una paloma.

26 octubre 2011

De La Laguna para el mundo

Siempre que salía a otra ciudad del país y me preguntaban de dónde era, y yo respondía que de Torreón, lo primero que me decían era, ah, el Santos, La Comarca Lagunera, blablablá. Esta vez que estuve de viaje y me hicieron la misma pregunta y respondí de igual manera, lo primero que me dijeron fue, ah, las balaceras, los muertos, el narcotráfico...
¡Pff!.

13 octubre 2011

Contexto, incongruencia, sangre y putitos

La semana pasada iba caminando inocentemente por las calles del centro y me tocó ver algo curioso; en una esquina de una calle muy transitada había un hombre que en lugar de camisa, llevaba encima una bolsa negra, de esas de la basura, pasé cerca de donde él estaba y cuando lo tenía casi a un lado, me di cuenta que estaba medio desorientado, pero no borracho, y traía varios moretones y sangre seca en el cuerpo. Las demás personas que caminaban por donde mismo trataban de evitarlo, unos se pasaban volteando a otro lado, otros cuantos hasta se bajaban de la acera. 
Como yo no tenía nada que hacer y nomas andaba cuidando la calle, entré a un oxxo, compré un refresco y me regresé a ver que pasaba con el vato de la bolsa, me puse en la calle de enfrente y me recargué en un carro estacionado y seguí viendo como la gente pasaba con miedo o algo así por donde estaba aquél tipo (aunque suene triste, la neta es bien entretenido ver a la gente en especial cuando tienes como un mes sin internet)
Duré menos de cinco minutos viéndolo y haciéndome pendejo, y de repente, a una media cuadra de donde estaba el de la bolsa, iban dos jotitos de esos que tienen la delicadeza de una dama pero la apariencia y fuerza de un tracto camión, no muy discretos, se iban contoneando sin ocultar sus lonjas llenas de femineidad (¿esa palabra existe?); iban partiendo plaza, robando la mirada de todas las señoras y señoros que andaban por ahí, uno que otro dependiente de los negocillos que iban dejando atrás, hasta salían para seguir con la mirada a las dos machotes que iban como modelo en pasarela; uno con un shortcito que en un hombre normal, lo hubiera dejado esteril, o bien, mínimo le hubiera estrangulado los huevos, y el otro, con un pantalón rosa apretadísimo, que creo se puso con mantequilla. Unas reinotas. La verdad por puro morbo todos las mirábamos, al menos yo porque  a mi no me gustan tan locas. Estaban ya a unos cinco metros de donde se encontraba el vato de la bolsa y en eso, el de la bolsa, se cruzó la calle hacia donde yo estaba. A un lado mío había un señor, y le dijo al de la bolsa “qué sabrosotas muchachotas edá”, y el de la bolsa le contesta “se la bañan, como andan así en la calle”…
Eso es todo lo que tengo que decir al respecto.