07 enero 2012

Yo te quiero tanto que si me dices que no te quiera, no te quiero II

No es que no te quiera ni que no quiera hacerlo, pero ¿puedo prescindir de ti?... En ésto, aunque no quiera, tengo que pensar. Pensarlo muy bien. Me queda mucho sufrimiento por delante; hace mucho tiempo me cansé de buscar un consuelo en las mujeres para mi enfermedad, me cansé de odiarlas después por la ineficacia de sus tratamientos de cura. No puedo seguir intentando que las mujeres me devuelvan un reflejo de mí mismo muy superior a lo que en verdad soy. Me cansé, de mujeres ya estoy bien,  para empezar, y al final de todo, ni tú ni ellas tienen la culpa de nada.

Eres preciosa, ya está dicho. Me encantas. Sin embargo, tú no caminas sin tu propio daño, pero de alguna manera, tu corazón viaja más deprisa que tu mala suerte. En tus grandes ojos existe la promesa de cosas mejores, cosas que tú misma te prometes y prometes a quien quiera escucharlas. Tienes una confianza que primero ofende y asusta, pero que, también intuyo, consuela y arropa. Cosas que admiro, por cierto. Eres una mujer de hacer y deshacer, sin por ello dejar de sentirlo, y tienes ahora, en este territorio imaginario donde yo aún me muevo, la capacidad de sobrevivir y de contar con lo mejor de ti misma como aliado; siendo que yo, a día de hoy, he contado siempre con lo mejor de mí mismo pero como enemigo, de ahí mismo que no sea extraño que te quiera, ni sea casualidad ni capricho que te quiera tanto.

Sabes que no exijo nada de ti; mi amor es ciego y loco y manco y torpe... Perdón, debí decir, sabes que no exijo demasiado de ti. Pero tú, mientras tanto, un día sales a pasear, dos noches te vas de fiesta, una semana a la playa, y cabe imaginar qué más cosas. ¿Estoy celoso?... Esta vez no, porque no tengo territorio qué defender, ni puedo soñar con más paisaje que un lugar en mi imaginación que está vallado por mi locura, y en ese lugar, sueño que estoy contigo, que renazco antes de que me alcances, antes de enfrentarme a ti. ¿Abusas?... A veces creo que yo me dejo abusar, y no me gusta, me haces querer edificar a un hombre que hace y quiere de verdad, un hombre que está si tiene que estar. En otras ocasiones ya he sido un hombre distinto al que soy, pero por ti estoy más dispuesto a ser otra persona. Para qué negarlo ya, si por ti estoy dispuesto a ser lo que fuera.

Las mujeres, que son torpes cuando tienen que serlo, saben muy bien cuando alguien las quiere por encima de cualquier otra cosa, y a ese amor, por muchas vueltas que le den las pobres, es muy difícil renunciar. Los hombres, que somos torpes en los momentos que exigen sensatez, los pocos hombres que de verdad queremos, cuando queremos, no pensamos en nada más. Para los pocos hombres que seguimos enamorados, el amor no es un medio, ni es un fin: es. Y no lo canjeamos por nada.  Y si me prohíbes quererte y dejo de hacerlo, no es porque me lo pidas, sino porque ya no sé hacer otra cosa.

5 comentarios:

Gerardo Huerta Jaime dijo...

Lo malo es que será lo mismo aunque no sea la misma mujer a quien ames, pues el sentimiento no cambia aunque sea otro el destinatario del amor.
Aunque hay algunos que nos clavamos con eso de: "fulana o fulano es el amor de mi vida".
Chido Carnal, me late lo contradictorio del texto, como la vida misma.

Zilly Schumway dijo...

A darle con todo mientras dure... ya lo demás es puro cliché y protocolo mala onda de co-dependencias...

Y no lo digo por experiencia propia jajaja

Saludos!!

Sender Eleven dijo...

Y dale...

ѕocιaѕ dijo...

Pues vaya que este personaje es muy interesante sabe sentir y por lo que veo se está dejando llevar, como debe de ser, ya dije que voy en la fila para el autógrafo (mínimo)

Me está gustando mucho esta historia, describe perfecto lo que el personaje quiere darnos a entender.

Saludos, reggaetonero jajaja

Maldito Desgraciado dijo...

Voy a pulir muchas cosas de textos como estos y a encausarlos en algo serio, y creo que estoy empezando a armar algo sin mucha novedad y pretencioso ;)
Seguiré informando.