25 enero 2013

Lágrimas y mocos

Es raro cuando uno se enajena de lo demás por estar encabronado o triste. Ayer hablé por celular y estaba muy emputado, no me di cuenta de que iba gritando y diciendo groserías hasta que la gente me volteó a ver, es curioso que uno siempre nota a las personas exaltadas y siente una cierta pena por ellos, en lo personal, me da risa ver a la gente encabronada cuando habla por teléfono o cuando se van peleando por la calle con la pareja, así que descubrirme haciendo eso, al principio me cayó mal, pero ahora, un poco despejado, me hace gracia. 
A principio de año fui a la central de autobuses en varias ocasiones, en algunas de ellas me tocó ver a gente que lloraba, pero no en mal plan, ya saben, sollozos de esos que se hacen cuando algo duele realmente y que se acompañan con un casi imperceptible sacudida de hombros. No me ha pasado eso de llorar en un lugar como una central o en donde la gente está y no está (o sea, que está pero que le vale madre la demás gente que también está), más bien me ha tocado llorar en lugares un poco menos públicos, pero en esos momentos, cuando lloras y estás solo (sin compañía), lo que se siente es pena, saber que alguien más te vea vulnerable es de los sentimientos más jodidos que yo he tenido, aunque la verdad es que al mundo le importas un cacahuate, a todos les generas indiferencia y creo que hasta lástima, tal vez más incomodidad que otra cosa.
No sé, pero de hoy en adelante voy a reírme también de los que lloran en público. 

4 comentarios:

la sociologa que te vuelve a leer dijo...

Fer!! que bueno es que andes de nuevo publicando
te mando un besote
bay

Sol dijo...

La neta a mi me da risa cuando se trata de un conocido al cual lo o la dejaron y saber que su problema no es tan grande, drama, drama, drama.
Cuando es algo realmente doloroso no lo hago, ahí si no me de risa, pero bueno, hay de todo en los caminos de la vida.

ojo dijo...

L@s hay con lágrima fácil.

la MaLquEridA dijo...

Reirse de los que lloran es como reírse de los que caen, es gracioso siempre y cuando no sea uno el que azota.