27 marzo 2013

Calle, noche y pedal

Desde principios de año he pedaleado mucho más que de costumbre. Las calles del centro de la ciudad están solas por la noche, se puede decir que la ciudad me pertenece a las 9:00 p.m., algo chido y medio culero a la vez; es decir, tener el ancho de la calle principal y no respetar los semáforos está bien chingón, pero por otro lado me amarga un poco. ¿Dónde quedó la vida nocturna?, se fue hace mucho tiempo de aquí. Y no es que la extrañe, mis borracheras nunca fueron en antros o bares, más bien algo deprimente con compas en sus casas o solo frente a la tele o la computadora. A lo que voy es lo siguiente: en la zona de tolerancia de la ciudad, que está en el mero centro, ya no hay vida, he pasado por ahí varias veces y las prostitutas y travestis que antes rondaban las esquinas ya no están, parece que fueron los primeros en irse de la ciudad desde que empezó el desmadre de los balazos; los mariachis y conjuntos norteños que se podían encontrar fácilmente por ahí se mudaron a otras zonas de la ciudad; las cantinas poco a poco fueron perdiendo a sus clientes, fueron clausuradas o de plano quebraron. Las calles sólo las rondan vecinos que viven cerca y que igual se encierran a tempranas horas, uno que otro despistado y de repente una que otra patrulla de militares o de federales. La verdad es que no intimida la calle, pero se siente muerta. Y es chido recorrerla en bicicleta. 

25 marzo 2013

7.3

Creo. A veces creo que creo, pero creo que no creo más seguido que cuando creo que me la creo por creer que estoy creyendo, y entonces me dan ganas de creer de verdad que creo. Y no creo por el hecho de creer que no creo y no sé en que creer.