04 abril 2013

Tiempo y navegadores

Desde siempre tengo muchas ventanas abiertas en mis navegadores, de cosas que ya leí, que leeré, que tienen algo que me interesó o que de plano no sé ni por qué están abiertas. Mi laptop está en un estado permanente de hibernación, quiero hacer muchas cosas y pocas las completo, y no es hasta que comienzan las fallas en las pestañas que me decido a hacer algo al respecto: me pongo a checar una por una. Hay ocasiones en que encuentro dos pestañas con la misma información pero con diferente fuente, y digo, qué pendejo, y siento una especie de alivio cuando cierro una, porque parece que hay más espacio para otra. Otras veces no sé ni qué iba a hacer, y un artículo acaba derecho en ese mundo infinito del historial sin revisar si quiera lo que fue: la mínima consciencia de las cosas. Esta situación no me agrada, tengo un caos casi siempre, sin contar la conexión a internet tercermundista que me alcanza para pagar (ay, mis 20 mb, sí los extraño) y la poca concentración que tengo con la virtualidad. 
Hace mucho tiempo Julio me dijo, a manera de recomendación, que las cosas que se pueden hacer en menos de 5 minutos se tienen qué hacer ya, no postergarlas; he aplicado eso en mi vida, pero me doy cuenta de que soy más flojo de lo que pensaba. Sumándole la angustia que me da cuando paso el tiempo sin hacer nada, la cosa se pone más fea. 
Me considero una persona organizada, pero viendo la pantalla que tengo frente a mí se me debería caer un huevo por pura vergüenza.