26 julio 2013

7.6

Hace un mes dejé de tomar refresco a diario. Ahora sólo una vez por semana lo tomo y en cantidades pequeñas, y no lo extraño. Mi economía de clasemediero lo ha estado resintiendo, y con el dinero que he ahorrado me voy a hacer de una dotación de drogas considerable...

13 julio 2013

Sólo tenemos a las letras

(Un texto que se quedó a la mitad del camino de ser publicado y que comparto por acá) 

Hasta hace pocas décadas y gracias a la tecnología se podría decir que durante la mayor parte de la historia no teníamos voz. Y sin voz no hay pasado: sin pasado no hay presente: y sin presente el futuro ni se imagina.
Al no tener voz nos queda la escritura. No tenemos otra cosa que no sean las palabras; sólo tenemos signos, mejor dicho. Somos la palabra escrita y nada más. Signos que se interpretan y que sirven para expresarse, comunicar. Obviemos la necesidad y dependencia de la comunicación que tenemos para vivir y pasemos al pensamiento más elevado que ha creado el humano: la literatura (qué dijeron, ingenierillos, las matemáticas son el pensamiento más elevado y preciso que hemos creado para concebir la “realidad”, y sí, pero es pura abstracción, punto y aparte. Y lo que aquí interesa es la literatura, además para desarrollar el pensamiento matemático se necesita forzosamente de signos).
¿Por qué es importante dejar un testimonio escrito?, de entrada, es la forma más eficaz que tenemos para dejar constancia de una experiencia tal y como queremos que se cuente, la oralidad tergiversa mucho. Esa constancia está presente desde las pinturas rupestres que dejaron nuestros ancestros pintadas en cavernas, monitos cazando monotes, hasta los tuiters que escribimos y que a nadie le importan. Aunque existe la posibilidad de tergiversar la realidad por las limitaciones del pensamiento en un texto, escribir es la forma de plasmar el ideario y concretar el conocimiento por excelencia; y trasladar información de una generación a otra ha sido el punto clave para nuestra supervivencia.
Y por supuesto que no todo texto se considera literatura. Para que se considere literatura se deben conocer (y de vez en cuando respetar) ciertas reglas establecidas para que la comunicación sea clara y se exprese exactamente —o de la forma más cercana— la idea que se quiere exponer; el texto está sujeto a tener un valor estético por sí mismo, que lo haga apreciable e incluso entrañable; según la época en que haya sido redactado ciertos lineamientos le dan atractivo al texto y lo distinguen de otros. Hay algunos textos que se han vuelto universales por su atemporalidad o por sus planteamientos, valor agregado a la literatura.
Cuentos, poesía, prosa, dramaturgia, epístolas, ensayos, revistas, blogs —bueno, masomenos— construyen la identidad cultural de una región y permiten la evolución del pensamiento, pues obligan a razonar al lector por medio de experiencias ajenas y a formar un criterio propio. O sea, a (sobre)vivir mejor en el presente y a forjar un mejor futuro a partir de la interpretación de signos, de la palabra.