18 septiembre 2013

7.8

Cuando está nublado siempre me pongo de buenas, más si está lloviendo. Cosa rara que pase por acá. Antes salía a caminar cuando estaba así, con mi sudadera y un play list lleno de raps de los buenos. Ahora no he tenido chance de hacerlo y los días han estado sabrosones para mojarse y caminar. Y ya no lo hago porque no tengo ni un pinche reproductor. Mis discman (jajaja, discman) siguen sirviendo, pero ya no tengo cd's. A mi iPod se le chingó el botón de encendido desde el año pasado, creo, y no lo he arreglado. No tengo música en el celular. Salir con una grabadora no es una buena idea, aparte de que sería ridículo. En fin, ahora que estoy sentado frente a la computadora y tengo puestos mis audífonos y oyendo raps de los buenos, me doy cuenta de qué tan importante es la música para salir a caminar cuando no hay rumbo fijo, esas cosas de pensar no se me dan cuando camino, me cae mejor desconectarme. Y también me doy cuenta de que todos los pares de tenis que tengo están rotos.   

11 septiembre 2013

No vamos al mundial, no vamos al mundial


Estamos en tiempos bien extraños, neta, y mientras todos veían perder a la selección, nos empinaron aprobando la reforma fiscal.
La selección mexicana se convierte en una variante más de la frustración de los mexicanos. 
No sé si estoy contento o si estoy triste. Como quiera el fútbol me vale pito.

03 septiembre 2013

7.7

A veces las cosas van mal en todos sentidos. Creo que vivimos en una paranoia colectiva, un pendejismo constante; arrebatos e insultos son el día a día. En las noticias nacionales: bloqueos, temblores y cosas que no me importan, porque me temo que caigo un poco en la apatía; en las noticias locales: incendian camiones, matan a los franeleros, la deuda sube. El trabajo poco estable, la entrada de dinero se hace más complicada. La familia como puede se apoya (por ser pocos). El desempleo y la corrupción a todo lo que da. La comida más cara, los servicios más deficientes y costosos, las amistades más alejadas. Las opciones se reducen. La gente intenta trabajar y no deprimirse, enajenarse y que le valga madre todo. Pero se topan con que aquí no hay lugares para divertirse debido a la violencia. Ni bares ni antros. La única diversión que queda es comer. Por eso somos la ciudad más gorda en el estado más gordo del país más obeso. Y aún con la obesidad, en las tiendas departamentales es difícil encontrar ropa de la talla. Otro golpe para la gente. Los que pueden se van creyendo que la cosa irá mejor, los que no, nos chingamos. Y aún más, con todo eso, hay pequeñas cosas que hacen parecer que las cosas serán mejores y que no siempre todo estará mal. Por ejemplo una sonrisa. 
He pensado en que nos hace falta sonreír un poco más, quizá sea un poco tonto, pero de qué sirve estar amargado siempre. Antes me deprimían varias situaciones, luego me valían madre, ahora intento reflexionar un poco más en lo que pasa y trato de ser sensato. Hay muchas cosas que me cagan, hay otras tantas que me angustian, pero mejor me preocupo por ser feliz que desgastarme en odiar al mundo, como a veces me pasa, y guardar rencores permanentes, ¿orgullo?, no me sirve para comer. Y de paso, intento poner lo que me corresponde y un poquito más. No quiero hacerme pasar por un buen ciudadano, mucho menos por una buena persona, porque disto mucho de serlo, pero no quiero vivir todos los días el mismo día en el que uno se embarra de mierda el zapato y anda apestando todos lugares que pisa. No sé ni qué pedo. Mejor sonrío aunque esté sobrio.